Había aprendido a soportar las ganas.
Una y otra vez, las ganas de aguantarme las ganas de que seas solo mio.
Cuando digo mio, no quería compartirte. Y al mismo tiempo, era consciente de que amaba tu libertad. Tu simplicidad a la hora de hablar las cosas, era realmente increíble para mi.
Era imposible, para una señorita como yo, ser tan simple y no dar un millón de vueltas para poder decir una oración. Es más. me enredaba en mis propias ideas, y ni hablar de mis palabras.
Otra vez, dando vueltas en círculos, y aún peor: enredándome sola.
Otra vez, dando vueltas en círculos, y aún peor: enredándome sola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario